La realidad del Tercer Mundo

Relato escrito por Rafa Espejo, voluntario de Coopera en el campo de trabajo en Senegal que tuvo lugar este verano.

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Hablar de Tercer Mundo, de países subdesarrollados o en vías de desarrollo supone en la mayoría de las veces hablar de pobreza, de enfermedades, sida, malaria, el ébola ahora…, de falta de recursos, de necesidades materiales, de abandono, de tristeza, etc. Sí, es verdad, todo eso existe pero también hay otra realidad que no quiero que pase desapercibida.

Después de pasar un mes y medio en Senegal este verano, desmiento esa visión triste que para nada, desde mi humilde punto de vista se correponde con la realidad allí vivida, con “mi realidad”: la gente en este país, mayores, adultos, niños rebosan de felicidad, alegría, de “riqueza interior”, de valores humanos, trascendentales, de solidaridad, generosidad, respeto, amistad, camaradería, de compartir, altruísmo, etc., de los que nosotros occidentales hace tiempo que carecemos o quizá nunca tuvimos.

Rafa Espejo en Senegal

Rafa da clase a un grupo de mujeres en Senegal

Durante un mes y pico he estado como profesor cooperante dando curso de alfabetización de francés a un grupo de mujeres de Malicounda, la mayoría pertenecientes a la asociación REFEMA (Réseau de Femmes de Malicounda), asociación con una gran vitalidad y fuerza en el poblado.

Ya desde los primeros días, mis miedos iniciales por el contacto con una realidad muy diferente a la vivida normalmente en mis clases con adolescentes, se fueron evaporando poco a poco y dieron paso en mi interior a unas sensaciones y emociones muy bonitas y gratificantes: con la piel de gallina y mariposillas en el estómago, me encontraba cada mañana con mi grupo de alumnas, “mis mujeres” como acabaría llamándolas, ese festival gratuito de saludos entre ellas, de risas, tan elegantes y bien vestidas todas ellas” como si fueran a una fiesta”, con sus trajes largos y sus pañuelos en la cabeza, de mil colores, con una belleza y elegancia natural propia, genética, difíciles de igualar en occidente.

Recuerdo particularmente sus caras de asombro, de sorpresa, sus risas cuando les proyectaba el material didáctico audiovisual que había preparado para el curso de alfabetización. Desde el primer día hasta el último, su asistencia y su grado de interés, de motivación, de participación, de ganas de aprender no decayó ni un sólo momento, a pesar de ser Ramadán ese mes de julio, a pesar del calorín, de sus mi labores cotidianas, (ellas se ocupan de la casa, de la comida, de los hijos, de la tienda en la que trabajan, etc., etc.). Creo que las mujeres en Senegal y en toda África son las grandes sustentadoras de la economía doméstica. Toda mi admiración para ellas.

En el grupo, de unas veinte mujeres, había algunas muy jóvenes de veintitantos años hasta otras de setenta o más, algunas con algunos conocimientos de base de francés, otras que sólo hablaban wolof, otras que no sabía leer, ni escribir, etc. Todas ellas con una fuerza, una entrega y vitalidad impresionantes, a pesar de la avanzada edad de algúnas, muy dignas de admiración. Todo un mosaico humano muy variopinto que hizo mi labor mucho más interesante y productiva. Mi más sincero agradecimiento a muchas de ellas que colaboraron conmigo, que me ayudaron a dar las clases, que me sirvieron de intermediarias, de traductoras wofoffrancés.

Esta labor como voluntario y otras vivencias en el país me ha hecho crecer un poquito más como persona y como ser humano. Huelga decir que esta experiencia ha colmado con creces todas mis expectativas iniciales, he aprendido mucho, de grandes, pero sobre todo de pequeñas cosas, emociones y sensaciones difíciles de plasmar por escrito, pero que han dejado una huella profunda en mis adentros: esa alegría innata de sus gentes, sus risas continuas, contagiosas, sus caras felices, esa sensación de “pararse el tiempo”, de “estar sobrados de todo”, de no necesitar nada, ese sentimiento de riqueza interior, de pureza y autenticidad, etc… como me dijo Omar Dioum, un gran amigo, escultor, que conocí en Cap Skirring, yo no elegí venir a Senegal, fue Senegal quién me eligió a mí.

Mil gracias por todo, Senegal.

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