La realidad en la daara

En diciembre de 2010, Coopera tuvo el privilegio de recibir la visita de Aïda Ndiaye Traoré, directora de dos escuelas franco-árabes en Senegal. En ellas se encuentran escolarizados medio millar de niños y niñas denominados ‘invisibles’ por no haber sido inscritos en el registro civil de su país y que, por tanto, no tienen derecho a acceder a la escuela pública. También ayuda a los niños talibés que aparecen a diario en su casa pidiendo un plato de comida.

Además de su trabajo educativo con los niños de Mbour y Malicunda, el atractivo de Aïda radica en su personalidad y la historia de su propia vida. Es una líder en un contexto en el que las mujeres son alejadas de la esfera pública. Ella es la responsable de un proyecto en el que trabaja con Coopera ONGD desde 2007 en la región de Thiès. También es una de las principales fundadoras de la ‘Asociación para la Ayuda y la Educación de los Niños en Situación Difícil’ y es la directora de las escuelas privadas que gestiona dicha entidad (citadas anteriormente).

El paso de los niños por las escuelas dirigidas por Aïda y apoyadas por Coopera mejora notablemente su calidad de vida, ya que no sólo se les imparte una educación completa, básica y de calidad, sino que también se les inscribe en el registro civil, lo que les abre las puertas a la escuela pública.

El siguiente relato está escrito por la valiente mujer senegalesa. La versión original se encontraba en francés, esperamos que no se hayan perdido los matices del texto en la traducción.

*   *   *

Lyon… ¡qué bella vida!, sobre todo la arquitectura y Roane. Después de los reencuentros con gente muy amable y de las visitas realizadas por París.

París, la ciudad histórica, la más bella ciudad del mundo como dicen algunos. Ella llega a la célebre estación de Lyon. Ella siempre ha creído que la estación de Lyon se encontraba en Lyon pero no, ella estaba en París. La niña oía a las mujeres decirles a las chicas un poco traviesas: “tu cesta está esperando en la estación de Lyon”.

Fue obligada a pasar la noche en casa de Anne, una ex voluntaria. Como Thomas, vivió un año entero en casa de Maida y enseño durante todo un año escolar en una clase de CI, es decir, el curso de iniciación equivalente a tercero de educación infantil en España. La cita tiene lugar con Melodie delante de una pequeña estación para ir a Chenay.

Melodie es la periodista que hizo un curso de formación en Senegal en un periódico y que se ha atrevido a escribir sobre los niños talibés y la pequeña escuela de Mbour. Por fin, ambas francesas y la mujer senegalesa van al instituto Jean Moulin de Chenay.

Qué sorpresa para esta mujer que jamás ha visto un lugar parecido, está emocionada e impresionada. Se encuentra con los profesores de los que ha oído hablar desde 2006 y el señor Mage, el director que un día le envió una hermosa carta.

Monseñor, el director ha hecho un bonito discurso sobre la juventud francesa en general y los alumnos de hoy en día. Él se percata de que los jóvenes no son escuchados, lo que es muy cierto. Como ellos son muy a menudo criticados, ellos responden con la violencia.

Maida dice que estos estudiantes de los institutos de Chenay son jóvenes creadores capaces de mucho de ellos mimos si se les escucha y se les comprende.

La clase de los carpinteros donde se ha producido el chasquido. Maida, en agradecimiento a los estudiantes, se puso a llorar de inmediato. Ella perdió un bebé sin llorar, ha visto a niños violados, pegados, enfermos, hambrientos y no conseguido llorar por todas estas desgracias.

Un día ella misma preguntó a su querida madre Suisse Mme Ursina si sentía algo ahora porque ya no podía llorar. Se dejó llevar en la clase de los carpinteros.


La historia del niño talibé

La clase de Sabrina
Sabrina está en el instituto de secundaria general, como una liana que la ha visto, avanzó hacia ella y escribió en la mesa en árabe: “te amo”. En esta clase, Maida contó la historia de un niño talibé que no tenía reacciones.

Era un niño de ocho a diez años que venía a casa de Maida todos los días para pedir su comida, no hablaba, no lloraba y se quedó como una estatua cuando los otros talibés le gritaron en sus narices: “comida, comida”.

Maida nunca se había dado cuenta de que este niño no tenía ninguna reacción, hizo falta que Anne la francesa le dijera que mirara bien a este talibé, ya que se dio cuenta de que él nunca pronunciaba una sola palabra desde que frecuentaba la casa. Desde entonces, Maida le hizo preguntas del tipo:
–    ¿Cómo te llamas? ¿De qué colegio coránico vienes? ¿Estás enfermo?
Eran cuestiones simples aquéllas. Él no respondía nunca.

Un día que le pegaron en la daara (escuela coránica), vino a casa con la mirada verdaderamente triste. Maida conocía muy bien esa mirad; esa mirada que le recuerda tantos sufrimientos de estos niños. Sin decir una sola palabra trató de quitarse la camiseta con gestos lentos. Maida observó sangre sobre la camiseta y decidió ayudarle. En efecto, había sido golpeado, y como no lloraba el tipo se ensaño con la espalda para hacerle crujir pero sin saber que este niño había dejado su cuerpo para no sentir nada. Ese mismo día respondió a las preguntas de Maida:
–    ¿Quién te ha golpeado? ¿Que hiciste?

Sus compañeros talibés explicaron que había sido golpeado por un chico grande de la escuela pero que como no lloraba el chico se enfadó y prometió hacerlo llorar. Maida, sin hacer más preguntas, comenzó a tratarlo con  ternura y a mirarlo más de cerca. De hecho, él no tuvo ninguna reacción, incluso cuando se enfrentan a ese terrible dolor, se dejó ser atendido sin rechistar.

Al día siguiente, como además de sus heridas tenía la sarna, Maida había decidido aportar algo a este niño. Ella lo sorprendió por detrás y él derramado de alcohol por los pies. Ese día o sólo comenzó a girar como una peonza sino que gritó y por fin lloró. Se quedó por lo menos una hora llorando como si quisiera sacar todas esas lágrimas que había guardado en su interior durante años. Maida no sabía por qué reaccionó así, pero ya estaba hecho y una vez en su habitación, ella llevó a su bebé en sus brazos y dijo que este talibé era como un bebé en sus brazos de su madre, pero ¿dónde estaba su madre?

Cuando salió de su habitación y se sentó cerca del niño, tomó su mano y le preguntó susurrando.
–    ¿Cómo te llamas?
–    Babacar
–    ¿Qué edad tienes?
–    No lo sé
–    ¿Cómo se llama tu madre?
–    Yaye (mamá en wolof)
–    ¿Por qué te han golpeado así?
–    No lo sé, es el hijo del morabito. Me detesta porque otros talibés me llaman el duro y un día juró hacerme llorar, pero jamás me verá llorar.
–    Dices que Babacar es un nombre bonito.
–    No lo sé.
Estos Babacar, Moussa, Salif, etc. han perdido todos su infancia. Son personas que no tienen identidad, afecto y de la sociedad es cómplice de ello. Todo el mundo les mira sin decir nada o acusa al estado o a los morabitos.
De hecho, ¿a quién debemos acusar?

Debemos acusar a los parientes irresponsables que envían a sus niños a las daaras sin darle nada al Morabito. Estos padres tienen el derecho de abandonar a sus hijos durante años sin preocuparse de su suerte. Hay que decir también que entregando a su niño al morabito tienen la costumbre de decir: te lo confío para la eternidad, te reclamo sólo estos huesos.

Debemos acusar a los morabitos que aceptan tomar a estos niños sin reclamarles nada a los padres. Tienen el derecho a hacerlos mendigar para satisfacer su necesidad.

Debemos acusar al estado de cerrar los ojos ante esta plaga. Todo el mundo es cómplice.

Un día Maida devolvió a un talibé a casa de sus padres. Una vez que llegó, su madre se lo agradeció y le dijo:
–    Está bien que me traigas a mi hijo enfermo, pero ¿su morabito está al corriente?
–    No, él está fuera de la escuela y he decidido que te lo devolvería.
–    Estoy segura de que está mejor en su daara que aquí. Allí por lo menos puede mendigar para comer mientras que aquí no puedo alimentarlo porque la estación de lluvias fue mala.
–    ¿Prefieres abandonar a tu hijo en estas condiciones?
–    Sí, lo prefiero porque sé que en las ciudades hay mujeres como tú, que siempre darán el resto de las comidas a los niños talibés en lugar de tirarlas a la basura.
Maida se vio obligada a irse de nuevo con este niño. Durante el encuentro con la madre del talibé en ningún momento lo abrazó y ni le hizo preguntas.

¿Quién es el responsable de esta situación?

*   *   *

Puedes conocer la labor de Aïda de primera mano en el siguiente vídeo.

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Acerca de Pablo Moreno Acevedo

Consultor de marketing digital y diseñador web. Autor del libro "De mayor, youtuber". Escribo donde me dejan y también en mi blog Fuera Códigos.
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